Cuentos y micro-relatos: Lo Que Hay Después de la Muerte

Escritor: Gonzalo Pedraza Fernández, 3ºA de ESO


             Introducción

Me levanto. Es complicado mantenerse en pie después de toda una noche en vela, llena de zombies y de sangre. En la play, claro. No duraría una sola semana en un mundo así.

- Shiro, déjame levantarme.

Mi gato maúlla con pereza y se aparta lentamente. Tengo que admitir que es bastante inteligente, aunque no me extraña de un gato negro que recogí de la calle cuando tenía unos cinco meses. Al principio era agresivo, por supuesto. No es fácil confiar en otro ser vivo cuando has vivido como un vagabundo.

Miro fijamente a los ojos verdes del gato que convertí en mi familia hace dos años y sonrío.

- ¿Damos una vuelta?


No salgo mucho de casa. Con un padre borracho y sin amigos, salir suele ser aburrido. Podría ir en mi skate, claro, pero ¿Para qué, con un portátil, una play y muchos libros? La única diversión que encuentro en salir es pelear con los rechazados por la sociedad como yo, pero me terminó aburriendo, así que sólo voy al colegio, suspendo todo lo que no sean ciencias y estudio japonés en casa. 
Veo a lo lejos a un tipo con el que me peleé hace un par de semanas. ¿O fueron meses? Bueno, tampoco importa. Me acerco con Shiro detrás y le digo:

- Hola, ¿me recuerdas?- Se da la vuelta y le ataco con una patada rápidamente en el estómago.

-No vas a salir de aquí con esos dientes.- Me responde. Intenta golpearme en la cara, pero esquivo su puñetazo por poco.

-He perdido velocidad de reacción. Tengo que salir más.- Comienza a enfadarse y a intentar darme frenéticamente, pero no va a conseguirlo sin pensar. Gente como él son demasiado predecibles.

Aprovecho una apertura en su lado izquierdo, cerca de la cadera y la uso para contraatacar. Le pateo rápidamente y pierde ligeramente el equilibrio, utilizo ese corto espacio de tiempo para darle un puñetazo en la cara. Lo tumbo y me marcho andando tranquilamente, pero tengo que entrenar si quiero seguir haciendo cosas como esta. Me duele la mano del golpe.

 Shiro, que había estado observando el corto combate tranquilamente, viene detrás de mi como si no hubiese pasado nada. Una vez se metió para ayudarme, pero desde que vio que podía arreglármelas solo, no suele participar. Después de un rato paseando más o menos por los sitios que frecuentan los que buscan pelea sin éxito, me marcho a mi casa.


No tengo amigos, pero no me siento solo. Tengo a mi gato, que es más inteligente que muchos seres humanos. No es que odie el colegio ni que me hagan bullying. Hace un par de años forjé una reputación injustificada y me persigue, haciendo que me teman incluso los profesores. Ocurió en segundo de secundaria, a finales del segundo trimestre.

Yo era un recién llegado de otra ciudad, no tenía amigos ni conocidos allí. Intenté hablar con los chicos equivocados y al final de clases me llevaron detrás del colegio para pegarme. Yo siempre he sido muy sociable y he conocido a todo tipo de gente, así que tuve cuidado al conocer a nueva.
Cuando me dijeron que íbamos a ir a otro sitio para hablar más tranquilamente, sentí que algo iba mal. Sencillamente, guardé disimuladamente un cutter y lo pasé del estuche a mi bolsillo.

 Al llegar al lugar el más grande me empotró repentinamente contra la pared y me golpeó en el pecho, cortándome la respiración. Me enfadé y reaccioné sin pensar, así que en vez de usarlo para amenazarlos y que se alejasen lo saqué de mi bolsillo y le corté la mejilla derecha al que me acababa de golpear. 

La sangre empezó a correr por su mejilla, el chico a gritar y los demás a correr. Yo sencillamente, estaba en shock. Cuando los profesores llegaron y uno empezó a chillarme que qué había hecho mientras otro llamaba a una ambulancia, no me di cuenta hasta que me cogieron para llamar a mi padre.

 A mí me expulsaron un mes y medio a pesar de haber explicado lo que ocurrió y me gané el miedo y respeto de alumnos y profesores junto con el lema de psicópata y el apodo de “Cutter sangriento”. Un par de días después me dijeron que el corte fue tan profundo que casi le atravieso la mejilla. No volví a ver a ese chico y los que estaban con él ese día y ni los profesores me dirigen la palabra. A mi padre tampoco le importó mucho, pero tampoco hizo nada por defenderme o cambiarme de colegio.

Por esa razón, no tengo y no creo que tenga amigos hasta la universidad, si es que llego.








Capítulo 1

Me levanto de la cama, aturdido por hacerlo repentinamente. Pero... mi cama no es una tabla de madera. Me alerto e intento observar rápidamente donde estoy. A mi izquierda, derecha y detrás sólo consigo vislumbrar un suelo de tonos gris muy oscuro que se extiende hasta formar un horizonte, extrañamente negro. Encima de mí me percato de que únicamente hay un vacío infinito comparable a una noche sin luna ni estrellas. La tabla sobre la que estoy es un ataúd, pero no podía darme cuenta con esa repentina sorpresa y la confusión por ello. Miro fijamente hacia delante por primera vez y en mi mente se graba una imagen que no voy a olvidar nunca.

- Encantado de conocerte, Félix. Soy la Muerte.- La voz suena ligeramente femenina. 

Es algo tan sencillamente impactante que, quizás
 por primera vez en mi vida, me quedo sin palabra alguna. Estuve unos segundos que parecieron infinitos observando  a el ser con esa tenebrosa capa que le cubría todo el cuerpo, no dejando ver nada.

- Eh... Y, ¿qué tal?

- ¿Vas a bromear conmigo? No tengo tiempo para eso.

- Pues dime lo que tengas que decir, ya que no tienes tiempo de sobra.- Digo mientras sonrío de forma forzada. Esa es una de las típicas habilidades estúpidas que hay quien tiene y quien no, forzar una sonrisa y que se vea completamente natural.

- Es curioso, soléis quedaros quietos mientras que escucháis, pensando que es un sueño. O eso, o intentar acercarse mientras chillan que les devuelva su vida.
Yo no soy normal. Me rechazó la sociedad y no tengo amigos ni familiares que me quieran, ¿Qué esperabas?- Espera. Shiro se quedaría solo.

- Bueno, igualmente. Al morir los seres vivos renacen en otro planeta con condiciones y especies de aspecto e inteligencia similares.  puedes escoger dos cosas para llevarte, pero el mundo es aleatorio.

- Ahora entiendo porque van a por ti chillando. ¿Te das cuenta de que esto puede volver loco a un humano?

- En realidad no, pero supongo que tiene sentido. Pocos reviven, los que me atacan o no responden sencillamente desaparecen.

- Entonces, tengo que llevarme dos cosas. Mi gato Shiro y los recuerdos de mi otro mundo.

- Curiosa elección. No es posible llevarse seres vivos, pero no me molesta si es una mascota. Tus deseos han sido concedidos. Túmbate en el ataúd y cierra los ojos.

Hago lo que me dice y me adentro en un profundo sueño.

Capítulo 2

Despierto, pensando en el extraño sueño que he tenido. Llamo a Shiro con los ojos aún cerrados y escucho cómo maúlla mientras que siento como se frota contra mi mano. Lo pego a mi pecho mientras sonrío, pensando que he sido un idiota al creer lo que ocurrió con “La muerte”. No puedo creer lo que veo al abrir los ojos.

Delante de mí se extiende un enorme prado. A lo lejos se vislumbra una hermosa ciudad con un estilo ligeramente medieval. Unas majestuosas bestias que recuerdan a los grifos de la mitología griega descansan en la sombra de un único pero enorme árbol, que podría tener un radio de cincuenta metros y una altura de doscientos. Su copa es también impresionante, más o menos con el doble de radio que el tronco. Siempre se me dieron bien los números y todo lo relacionado con ellos, estos cálculos no son nada para mí.

 Mientras los adultos descansan, un grupo de crías juegan entre ellas, no muy lejos de sus mayores. Es curioso, hace tiempo leí que los grifos vivían en montañas rocosas, pero no hay ninguna cercana a la vista y las crías no pueden alejarse mucho del nido. Por supuesto, en mi mundo son seres mitológicos, así que muchas cosas aquí variarán con el mío.

Al principio pensé que no podía ser cierto, que dentro de poco despertaría a pesar de que no quiero hacerlo, pero me convenzo a mí mismo de que todo enlaza y existe la posibilidad. La posibilidad de que mi sueño se hiciese realidad. La posibilidad de vivir en un mundo bello, con criaturas misteriosas, sin mi padre  y sin que me juzguen por mi expediente.

Lágrimas de felicidad empiezan a correr por mi mejilla. Shiro maúlla preocupado, pero termina entendiendo. No puedo dejar de llorar, es algo sencillamente maravilloso. Cuando consigo parar, me levanto y digo: 

- A partir de ahora viviremos en otro lugar, Shiro

Comienzo a caminar alegremente hacia la ciudad, con cuidado de no acercarme mucho a los grifos y que así no me vean como un trozo de carne fácil de cazar. Después de unos veinte minutos caminando, consigo llegar a las puertas de la ciudad. Estudié hace tiempo que hay guardas y que no te dejan pasar sin una buena razón, pero no tuve problema en seguir avanzando. Aunque me miraron de una forma bastante extraña al ver mi ropa. Tengo que buscar la forma de conseguir dinero para comprar cosas e informarme de dónde estoy, los peligros y las costumbres.

Al entrar me impacta la organización de los edificios. Tiene muchas callejuelas típicas medievales, sí, pero hay una calle ancha y recta que termina en una enorme plaza, apenas visible por la distancia y el gran número de personas paseando por esta calle.
La primero que pienso al mirar fijamente a la gente que hay a mi alrededor es que, definitivamente estoy en otro mundo. Hay humanos con mi aspecto a los que sigue una capa negra que parece moverse sola. Al fijarte en el hueco donde debería de haber una cara, puedes observar una sombra como si fuese niebla negra, con una silueta mal definida y en constante movimiento. Lo único destacable de ellas son sus brillantes ojos amarillos, que son casi imperceptibles ante la luz del día.

 Veo pasar por delante de mí a una chica con un parasol típico del siglo XVIII. Al verla, con una piel tan pálida y una vestimenta típica de esa época, pienso en las nobles del siglo. Después veo los largos colmillos y que su sombra no se reflecta y pienso que es curioso que haya vampiros. También he podido ver bestias con estructura ósea humana  caminando por la calle, así que supongo que son como los humanos, pero más pintorescos. Algo curioso es que hay muchas personas que parecen de mi edad con una túnica, parecen ser estudiantes. Después de conseguir un trabajo preguntaré por las escuelas de la zona.  

  Camino entre 10 y 15 minutos hasta llegar a la plaza. Tiene en su centro una fuente llena de chorros de agua que se mezclan y se cruzan entre sí. Justo en el medio hay uno enorme que se divide en cuatro a los diez metros de altura, algo posible por el enorme grosor del pitorro del que sale el agua. Al dar una vuelta por la plaza, veo que se divide en ocho calles, formando a su vez ocho ángulos de cuarenta y cinco grados. Está curiosamente limpia, a pesar de que no veo barrenderos ni papeleras. La verdad es que después de bellas vampiros, bestias bípedas que parecen tener inteligencia humana y misteriosas sombras que parecen seguir a otros como si fuesen sus dueños no me impresiona demasiado.
Entro en un local aleatorio, esperando que mi idioma sea como el suyo, y por suerte lo es. Después de preguntar por algún lugar con vacantes de trabajo me indica dos bajando esta misma calle. Se lo agradezco y me marcho. Uno de ellos es una tienda, pero está cerrada. Me voy al segundo, que parece ser un bar normal y corriente. O lo parecía antes de entrar en él.

Capítulo 3

Una chica que debe rondar mi edad con una bandeja en las manos me sonríe y exclama:

- ¡Bienvenido a El Mesón del Vago!

Desde la puerta se puede ver la barra a la izquierda,las mesas llenas de clientes a la derecha y a varias camareras y un camarero sirviéndolos. El local no es demasiado grande, pero no se ve demasiado estrecho ni agobiante. El bullicio formado por las diversas conversaciones que están teniendo en las mesas lo hace incluso acogedor y hogareño, a pesar de no dejarte oír demasiado. No he visto ni probado lo que sirven, pero entiendo que vengan sólo por el buen ambiente que se puede palpar.

- Lo siento, no tenemos mesa hasta dentro de media hora. ¿Quiere que le reserve una mesa?

Es alta, mide aproximadamente diez centímetros menos que yo, lo que sería un metro y setenta y cinco centímetros. Su cabello es largo, de un tono castaño oscuro. Ahora lo lleva recogido en una cola de caballo. Sus facciones son suaves, sus ojos de un color verde oscuro y profundo que te hipnotizan. Sus labios son carnosos, sus orejas curiosamente puntiagudas y sus cejas... espera, ¿Qué hago fijándome en sus cejas? Su silueta está bien definida y curvada.

Después de un tiempo en un estado de trance, pensando en qué hacer, respondo con un:

- Eh... Vengo por la oferta de trabajo, si aún hay vacantes.

- Por supuesto. Pasa por aquí, por favor- Se ve curiosa por la ropa que llevo.

Me lleva por una puerta detrás de la barra, donde el único camarero de sexo masculino limpia una copa con un paño de tela. Algo con poco sentido, ya que la copa reluce. Después de pasar las cocinas, donde cocineros y cocineras trabajan en conjunto entramos por una puerta que parece de metal.

- Bien, voy a hacerte un cuestionario. Espera aquí un momento, entra cuando te avise.

Me deja en lo que es un estrecho pasillo con taquillas minúsculas, seguramente tienen el espacio justo para unos zapatos y algo de ropa. Este tiene un estilo como el de el la zona abierta a los clientes. La puerta por la que he entrado en este lado es de un tono café tirando a oscuro, completamente distinto a el lado de las cocinas. Me llama bastante la atención cómo han conseguido un cambio tan drástico, pareciendo la puerta por un lado de metal y por otro de madera.

 Intento analizar mentalmente un poco más el lugar y lo que he visto para saber a dónde debo de dirigir las respuestas, pero en ese momento la camarera que me ha traído hasta aquí me llama al poco tiempo de haber entrado y no me lo permite, así que responderé con toda la sinceridad posible. Aunque, claro, no pienso decir cosas como “No tengo amigos desde segundo de secundaria”. Ni siquiera sé si aquí existe la secundaria. 

Al entrar veo una oficina. Las paredes y el suelo no varían en cuanto a las demás habitaciones (apartando la cocina, claro). Tiene una mesa de trabajo y una silla típica de persona importante mirando hacia la puerta y, mirando al lado contrario, un par de sillas acolchadas. A los lados todo está repleto de libros. No sólo de cocina, también novelas que en mi mundo serían fantásticas, de misterio y varios géneros más como la comedia y el drama en la izquierda. A la derecha hay una mitad formada por  científicos y otra mitad de recetas. Me sorprendo de mi capacidad de análisis, a pesar de que siempre supe que era buena.

- Siento no haberme presentado antes, soy Stella. El jefe no se encuentra ahora en el local, así que seré la encargada de tomarte la prueba teórica. Por favor, siéntate en la silla que prefieras.

- Entonces, ¿Puedo sentarme en la grande?- Suelta una pequeña sonrisa y dice:
Me corrijo, en esa no- Me siento contento por haber producido algún tipo de reacción positiva en ella. Las primeras impresiones son importantes.

Me siento en la de la izquierda. Me proporciona un papel con las preguntas escritas a mano, una pluma estilográfica y un tintero. Me siento como si hubiese viajado en el tiempo, aunque he hecho algo aún más impresionante que eso.

Después de muchas preguntas genéricas y aburridas termino el test. Aunque lo cierto es que tuve problemas con el lugar de procedencia y los estudios anteriores. En cuanto al lugar de procedencia, dije que venía de un pueblo perdido bastante lejos de aquí y me inventé un nombre raro e impronunciable. En los estudios dije que nunca había estudiado en una escuela, pero que sé hablar tres idiomas en total y dos de ellos fluidos. Los nombré como se conocen de donde vengo y dije que desconocía el nombre aquí. También puedo realizar  operaciones matemáticas avanzadas. En el lugar de residencia escribí que era un recién llegado a la ciudad y que aún no tenía uno.

Al terminarlo, se lo doy a Stella y espero unos cinco minutos a que lo leyese entero. Cuando termina, dice:

- Entonces, tu nombre es Félix Phoenix, vienes de un pueblo lejano, aún no tienes lugar de residencia, conoces tres idiomas y hablas dos de forma fluida pero no sabes cómo se llaman aquí. Eso es sospechoso. Dime “¿Qué desea para comer hoy?” en esos tres idiomas.

Lo hago con creces y sonríe de nuevo.

- Por ahora estás dentro, pero tengo que hablar con el jefe. Vuelve dentro de tres horas y seguramente estará decidido. Mientras explora la ciudad para conocerla mejor. Espero que tu residencia en Grifoplano sea satisfactoria.

- Una pregunta. ¿Dónde están las academias?

- ¿La de magia o la de ciencias? Son las mejores de las ciudades más cercanas.
Creo que no te he oído bien. ¿Magia?- Sonríe levemente y dice:

- Me has oído bien.- Después de esto se marcha rápidamente a atender las comandas de los clientes.

Comienzo a caminar extrañado. Pensé que ya no podían sorprenderme pero, ¿Magia? Si eso es cierto,voy a pasarlo muy bien.

Capítulo 4

No ha llegado a decirme dónde se encuentran las escuelas, así que tendré que buscarlas por mí mismo. Después de dos horas paseando, encuentro lo que deben de ser las escuelas. De estos impresionantes edificios que curiosamente están uno enfrente del otro salen estudiantes. El que pienso que es de magia tiene un diseño realmente peculiar. Con unas brillantes escaleras blancas de unos veinte peldaños y una fachada del mismo color con un estilo que recuerda a los del siglo XIX, no llama mucho la atención... si no miras hacia arriba, claro.

 Encima de esta construcción con un tamaño rídiculo para una escuela se encuentra una enorme parcela con forma cuadrada de varios kilómetros de superficie. En ella se alza un edificio de una arquitectura parecida a los palacios del siglo XVII, pero no puedo observarlo bien desde aquí. De esta salen picos desiguales de tierra como si hubiese sido arrancada de cuajo y hay trozos de minerales enormes con distintos colores. Tienen una forma curiosa, son como réplicas minúsculas con distintas escalas de la original. 

- Estoy bastante ciego como para no haber visto esto antes. Y,  ¿Por qué no tiene sombra?- Pienso en voz alta.

- Está cubierto con magia de luz para que parezca que no haya nada desde lejos. Pasa lo mismo con su sombra.- Escucho detrás de mí. Me doy la vuelta y me encuentro a un chico un poco más bajo que yo, completamente tapado por la túnica de estudiante. No puedo ver ninguna parte de su cuerpo, ni siquiera su rostro.
- Ah, graci...

- No tenía nada mejor que hacer.- Se marcha rápidamente, sin permitirle agradecérselo siquiera.

- Eso ha sido extraño, pero me ha ayudado en parte.

La escuela de ciencias es un edificio menos llamativo, es como una universidad normal pero con detalles de la Edad Moderna y variaciones en su tamaño. Es enorme, con un patio gigante en el medio que tiene zonas de jardines y otras que sólo es cesped y bancos en los bordes, más preparado para correr o actividades deportivas. 

Siempre me ha interesado mucho la robótica y la inteligencia artificial, también me manejo en la programación. Parece que este mundo no tiene mucho de eso, así que veré qué puedo conseguir con varias (muchas) patentes de algo que ellos desconocen completamente.

 Tengo suerte de saber sobre electrónica y cómo hacer las piezas. Sin ello no me servirían de nada los conocimientos de informática. Espera, creo que tengo el móvil. Reviso en mis bolsillos, encontrando aquel aparato que me iba a producir muchas riquezas en este extraño mundo. 

Después de regodearme en lo muy rico que seré, decido volver a el bar en el que seguro voy a empezar a trabajar hoy.

Continuará...







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